Guadalupe Plata: malditos y campestres

Algunos deciden apartarse del camino principal y buscar carreteras secundarias o senderos empedrados que los conduzcan a destinos al que muchos otros llegan por las carreteras principales. No es el caso de estos tres chicos de Úbeda. Guadalupe Plata hacen las cosas a su manera. De eso no hay duda. Ellos no entienden de autovías, atajos ni peajes y que se han adentrado en la selva más inhóspita con la guadaña en la mano y la visión retrospectiva en el horizonte.

Por su actitud, nos podrían recordar a aquellos viejos bluesmen de los años 20 que tocaban primero por dinero y después por necesidad condenados a un reducidísimo circuito. Guadalupe Plata  actúan sin grandes carteles ni titulares en prensa, casi de tapadillo, haciendo de lo rudimentario un arte y una forma peculiar pero válida de subir los peldaños en inhóspito negocio musical.

Ellos son Perico de Dios con la guitarra y sus crudos alaridos, Carlos Jimena con la batería que hace sonar a modo de cencerro y Paco Luis Martos que, equipado sólo con un palo, un barreño de los que se usan en las matanzas tradicionales y una cuerda de motosierra, se construye un bajo con un sonido único. La sencillez es un arte. Y Guadalupe Plata han decidido llamar ‘Guadalupe Plata’ a LP, al igual que llamaron ‘Guadalupe Plata’ al EP que publicaron en 2008. Su primer disco está editado por Folc Records y tiene una preciosa portada en vinilo que no debería perderse ningún coleccionista — además, cómo no, también puede conseguir en descarga gratuita directamente desde Bandcamp–.

Así que tenemos en nuestras manos una edición del LP de Guadalupe Plata llamado ‘Guadalupe Plata’. Y como auténticos enfermos mentales del vinilo que somos, nuestra copia es (¡adivínenlo!) en vinilo. Después de situar la aguja y escuchar los primeros rasguidos suenan los primeros acordes de este experimento. Y lo que oímos no tiene desperdicio. Guadalupe Plata grabaron este trabajo en tres entornos diferentes pero complementarios: primero en el Puerto de Santa María con Paco Loco, luego en Málaga y finalmente en algún rincón de la Alpujarra granadina. La mezcla final corre a cargo del gran Mike Mariconda, avezado líder de bandas como Raunch Hands o los rudos Devil Dogs, entre otros.

Si Charlie Patton, Skip James, Son House o cualquiera de sus descendientes levantaran la cabeza y se encontraran a estos tipos recién salidos de las cavernas del blues recuperando su pulso primigenio y el trance hipnótico de trasladarlo al lado más pantanoso del rock and roll, sin duda alucinarían al comprobar que sus enseñanzas no cayeron en saco roto. Y lo mismo sucedería con Screamin Jay Hawkins o Captain Beefheart, otros aventureros cuya astucia sirvió para que los jiennenses ahora husmeen su rastro aullando en entornos rurales y autóctonos, a ras de hierba, empapados de barro y marcando su piel con el verde y marrón del entorno.

La road-movie que protagonizan es dura y cuenta desgraciadas experiencias (‘Disparas tú o disparo yo’ grita Perico en ‘Lorena’), oculta ataques de misoginia en frases como ‘Qué se siente al matar un gatito’ y se enroca en instrumentales sinuosos (‘Serpiente negra’, cuyo sorprendente vídeo planteará otro tipo de preguntas). También aluden a su vida nómada y no siempre placentera en ‘Estoy roto’ y cargan sus composiciones de imaginario propio, vibrante en ‘Satánica’ y autóctono en ‘Pollo podrío’, que podría haber sido firmada por el propio Lux Interior y sus Cramps, la única concesión al inglés en un disco mucho menos anglosajón de lo que parece. Otro instrumental fantástico es ‘El tigre y la yedra’, quizás por introducir ese organillo que luce por encima de rasgueos y percusiones para crear un clima tenso pero perfecto. Y así podríamos hablar tema a tema de las canciones de una banda fabulosa, que podría complementarse con las andanzas de su guitarrista en Los Creyentes (todo un espectáculo rock and boogie que hay que ver para dar crédito) y al frente de Los Malignos, otra escapada al margen de la ley de la que algún día daremos cuenta por aquí.

Y además de todo esto, ya consiguieron triunfar en un par de prestigiosos concursos a nivel regional y con apenas un EP editado en 2010 se pasearon por escenarios tan diferentes como el Primavera Sound o el Monkey Week, tal vez una de las pocas bandas capaces de aparecer en ambos carteles. Y por la misma fecha consiguieron un contrato para hacer su primera –y no será la última- gira por Estados Unidos. Una vez más, aquí nos enteramos demasiado tarde de las cosas que merecen la pena.

Ojito con ellos, que amenazan con grabar su próximo disco con la banda de Semana Santa de su pueblo. Más autosuficientes y arriesgados imposible, y tomando prestadas las palabras a su paisano Sabina, nos sobran los motivos para adorarlos.

J. J. CABALLERO
ThrillerWebzine.com

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